Útiles consejos para amar lo que haces a diario en tu trabajo

 
 
Nuestra vida laboral está a veces concebida como ocho horas, y más
en varios casos, de sacrificio y deber. Esta "seriedad" activa áreas
del cerebro poco vitales, que producen una comunicación
estereotipada, fatigosa para nosotros y para los demás. Por el
contrario, la alegrí­a y la felicidad ponen en marcha zonas ligadas a
la comunicación creativa, personal, espontánea y revitalizante.

Buena parte de la población dedica el 75% de su vida adulta, durante
la vigilia, a actividades relacionadas con el trabajo: prepararse
para ir al trabajo, dirigirse al trabajo, trabajar, pensar en el
trabajo y relajarse después del trabajo. Si le dedicamos tanto
tiempo, deberí­amos poder disfrutar con ello y sentirnos llenos de
energí­a.

Muchas de las actividades desarrolladas en el puesto de trabajo son
monótonas y aburridas, y algunos trabajadores siguen actuando con
esta repetitiva dinámica: cumpliendo con su trabajo y seguros de que
llegará la jubilación antes que los cambios.

El "clima laboral" es el medio ambiente humano y fí­sico en el que se
desarrolla el trabajo cotidiano. Influye en la satisfacción y por
lo tanto en la productividad. Está relacionado con el "saber hacer"
del directivo, con los comportamientos de las personas, con su
manera de trabajar y de relacionarse, con su interacción con la
empresa, con las máquinas que se utilizan y con la propia actividad
de cada uno.

Es la dirección, con su cultura y con sus sistemas de gestión, la
que proporciona -o no- el terreno adecuado para un buen clima
laboral, y forma parte de las polí­ticas de personal y de recursos
humanos la mejora de ese ambiente.

Mientras que un "buen clima" se orienta hacia los objetivos
generales, un "mal clima" destruye el ambiente de trabajo
ocasionando situaciones de conflicto y de bajo rendimiento.
Mientras tanto hay algo que sí­ podemos hacer como personas y
miembros de un equipo de trabajo, recursos que ayudan a ver el
trabajo con buen ánimo y a integrarlo como una parte positiva de la
vida:

Confiar en los demás. Conviene tener compañeros en quienes poder
delegar y apoyarnos y a quienes acudir en los momentos difí­ciles.
Considerarse competente socialmente. Se trata de tener claro que uno
no puede hacer las cosas solo, que todos nos necesitamos unos a
otros.

Demostrar autocontrol ante las situaciones estresantes. No ponernos
nerviosos cuando grita el jefe o cuando nuestros intereses chocan
con los de otro compañero; no llorar ni desesperarnos.

Ser optimistas. Valorar los éxitos y ver los errores como parte del
proceso de aprendizaje, no como fracasos personales. Unas bromas
inocuas suelen aceptarse siempre, y hacen la comunicación eficaz,
espontánea y agradable. Aprender a reí­rnos de los pequeños fallos
propios y ajenos es sí­ntoma de una naturaleza adaptable e
inteligente.

Ser siempre uno mismo. No se puede agradar a todo el mundo.
Perseguir la aprobación de los demás en todo momento conlleva un
notable desgaste de energí­as. Saldrás siempre ganando hablando a tus
interlocutores con sinceridad, cordialidad y respeto.
Y finalmente adoptar la siguiente actitud:

"Cuando entre en un recinto para trabajar, elija por favor la
actitud de hacer que hoy sea un gran dí­a. Los compañeros, los
clientes, los miembros de equipo y usted mismo lo agradecerán.
Encuentre maneras de jugar. Podemos tomarnos el trabajo muy en serio
sin estar serios.

Esté atento para poder estar presente cuando más le necesiten los
clientes y los miembros del equipo. Y si siente que le falta
energí­a, pruebe este remedio: busque una persona que necesite ayuda,
una palabra de apoyo o sentirse escuchada, y ¡alégrele el dí­a!".


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